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Desde su aparición en 2001, siempre me han gustado los grupos de Foehn Records. Más allá de la música que hagan (desde pop o folk a electrónica, post-rock o incluso ambient), creo que todos ellos mantienen una identidad muy particular. Una posición periférica y alejada de las convenciones que rigen la escena musical independiente y que han convertido el sello barcelonés en garantía segura para aquellos que buscan un tipo de música sofisticada y poco corriente. En su momento, seguí a Balago (de hecho, aún los sigo), a Apeiron, a Úrsula, a Tan Low (qué disco tan bonito “El Deuteragonista”). Y durante los últimos años me he ido entusiasmando con varios discos de Foehn: especialmente “lacasadinslacasa” (2008) de Bedroom (disco biográficamente muy significativo para mi), pero también “Chorando aprendese” (2009) de Emilio José, “I’m not shy, i just don’t like you” (2011) de Kludge o “back&forth” (2012) de Íñigo Ugarteburu (fantástico también “For the unknown” (2013), su último trabajo).

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Hace unos meses descubrí “Estampida” (2013) de Víctor Herrero, un disco maravilloso e insólito. Por intereses en el folk americano conocía varios trabajos de Josephine Foster – su mujer – pero no los relacioné. Hasta entonces no había escuchado “Anda Jaleo” (2010) de Josephine Foster and the Victor Herrero Band, una colaboración entre ambos donde adaptan las “canciones populares españolas” de Lorca y La Argentinita de 1931, y tampoco Viva, otro proyecto de Herrero con otros músicos que dio lugar a “Tiempo para la cosecha” (2012). En este sentido, el desconocimiento total sobre quien era Víctor Herrero – y de donde salía ese sonido tan distinto a los cantautores indies que suelo escuchar – fue muy gratificante.

Y es que “Estampida” es una joya. Una colección de canciones templadas, cálidas y luminosas en las que el toledano, cual trovador, relata historias sencillas tan bien narradas que te permiten imaginar – con personajes, situaciones y escenarios – aquello que escuchas. Una guitarra clásica, virtuosa y un modo diferente de cantar – en la página de Foehn te informan de que recibió estudios de canto gregoriano cuando era pequeño – que, al menos para mi, remiten a otro tipo de tradición sonora: la guitarra española, la americana, el flamenco o incluso ciertos cantautores latinoamericanos como Víctor Jara o Silvio Rodríguez. En definitiva, folk sureño y telúrico. Un tipo de música que define un lugar. En este caso un lugar rural, tranquilo, placentero, y cerca de casa.

Al escuchar la primera canción del disco, Avellaneda, y aunque no tenga nada que ver con la canción, no puedo evitar pensar en Laura Avellaneda, la chica de la que se enamora Martín Santomé en “La Tregua” (1959), novela de Mario Benedetti. Estampida es un disco intenso, sencillo y precioso. Estampida me recuerda a Montevideo.

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