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Desde Lleida, el último disco de Renaldo & ClaraFruits del teu bosc (2014), su primer largo – invita a un viaje en el tiempo y en el espacio. Por un lado a los noventa, por el otro a lugares situados al norte.

Primero, un traslado directo al Sonido Donosti que caracterizó parte del indie tranquilo de inicios de los noventa, y concretamente al pop dulce y desencantado de Le Mans. Una sencillez de formas que recuerda a discos maravillosos como Entresemana (1994) o Saudade (1998). Realmente, en cuanto la voz de Clara Viñals abre el disco con Gira-sols, o sigue con Els dies s’allarguen, una calidez placentera te arropa de un modo parecido al calor de un chubasquero en verano. Pienso en el típico canguro azul marino con rallas blancas, cremallera hasta arriba, y sí, aunque ellos son de interior, de secano, de ver campos amarillos en el horizonte, pienso en el Cantábrico.

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Y a continuación, un segundo tránsito al Glasgow amable y gris de The Pastels, una ciudad más parecida a Lleida – bonita y fea como la capital del Segrià, y no sólo bonita como Donosti – y que parecen compartir este tipo de propuestas musicales: un pop honesto, poco pretencioso, como de no darse importancia; un poco arrastrado, perezoso incluso. Y pese a que The Pastels basan sus voces en la combinación entre Stephen McRobbie (guitarra y voz) y Katrina Mitchell (batería y voz), hay una conexión melancólica entre el modo de cantar de Clara Viñals y la voz femenina de The Pastels. Quizás el sonido de los escoceses es menos limpio y menos detallista que el de Renaldo & Clara, donde destacan los arreglos sutiles (piano, trompetas, cuerdas…) y la cuidada producción de Víctor Ayuso (también guitarrista de la banda), pero ciertamente, ambos grupos comparten un poco de niebla. Y eso, de algún modo, les une.

La escucha de Fruits del teu bosc – muy bonita la idea de tener un bosque propio – me ha llevado a recuperar algunos discos de Le Mans (no de La Buena Vida), especialmente Saudade (el tercero), y también otros de The Pastels, tanto antiguos (Ilumination, 1997) como recientes (Slow Summit, 2013). No obstante, y más allá de estos viajes en el tiempo y el espacio, el disco de Renaldo & Clara destaca principalmente por su autonomía, y ahí no hay nostalgia ni añoranza de otros momentos. Ahí sólo están sus canciones y su ciudad, Lleida. Una ciudad extraña y próxima para mi. Una ciudad que conozco bien. Tengo un gran amigo allí.

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Renaldo & Clara me gustan por varios motivos, y todos dependen sólo de ellos. La voz y la fonética seca de Clara Viñals, la cotidianidad dulce o amarga de sus letras, la cuidada instrumentación del resto de la banda (Víctor Ayuso, Hugo Alarcón, Jordi Rexach y Eric Herrera), el tono íntimo y distante de todas las canciones (no sólo las narradas, también la instrumental que cierra el disco). En definitiva, me gusta acercarme a su música de un modo parecido al que me transmite Le Mans o The Pastels. Un tipo de sonido arraigado a un lugar. En este caso, un lugar muy acostumbrado a los extremos. A veces muy caluroso, a veces gélido. Me gusta que Lleida suene a Renaldo & Clara.

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Un pensamiento en “Donosti, Glasgow, Lleida: sobre Renaldo & Clara

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