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He tenido dos encuentros con A Singer of Songs, el grupo de Lieven Scheerlink, músico belga afincado en Barcelona desde hace más de quince años. Por razones similares, ambos encuentros han generado momentos especiales. Momentos placenteros escuchando canciones en ambientes también placenteros. El primero en su casa cerrando la gira de There is a home for you (2013) en el mes de enero; el segundo en Ultra-local este lunes por la noche presentando From Hello to Goodbye (2014), su último disco. En ambos casos, me enteré del concierto por casualidad. En ambos casos valió la pena ir.

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Un día de enero, mientras trabajaba en casa y escuchaba algo de folk tranquilo (no recuerdo bien qué sería, quizás Great Lake Swimmers o Iron & Wine), vi en el Spotify uno de esos extraños mensajes: “Qué te recomendamos: A Singer of Songs”. Es incómodo que un sistema, una máquina, un programa te recomiende un disco, aunque acierte. El nombre me pareció fantástico. Directo, honesto, sencillo, un cantante de canciones. Un narrador, alguien que cuenta historias, un trovador. En ese momento no conocía la canción de Johnny Cash que sirvió de inspiración a Lieven Scheerlink para el nombre de su banda.

Recuerdo que como reclamo visual aparecía la portada de Old Hapiness (2010). El nombre del grupo en letras cursivas, minúsculas, el título del disco como si fuera una etiqueta de esas que se planchan, en mayúsculas. Un motivo floral y dos aves, como palomas o gaviotas. Acepté la recomendación y empecé a escuchar con atención There is a home for you, su último disco en aquel momento. Y simplemente conecté. Canciones de folk cálido, a veces con guitarra acústica, otras con guitarra eléctrica y batería, pero siempre bastante desnudas, discretas. Un sonido que me recordaba a gente que me gustaba, como Elliot Smith (aunque sin la angustia) o muy especialmente Mojave 3 – Excuses for Travellers (2000) siempre me ha parecido maravilloso – y los discos en solitario de Neal Halstead. Folk bastante casero con cierta sensibilidad pop en las melodías. Ruins to you me recordó un poco a Micah P. Hinson pero sin buscar ninguna épica. También me gustó el detallismo de las canciones: la segunda voz, el uso preciso del violín en momentos de intensidad, la trompeta. Seguí escuchando y llegué a Old Hapiness, que me pareció incluso más folk (quizás por el banjo de Road to Nowhere) y más reposado en general. Slow River, Little Time, Calvary Walks

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No tenía ni idea de la procedencia de A Singer of Songs. No soy muy bueno para los acentos, así que primero pensé que sería un grupo británico con deseos de sonar como americanos (de nuevo Mojave 3). Lo busqué en Google y me sorprendió que saliera información en castellano. Fue entonces cuando me enteré que Lieven Scheerlink es belga y vive en Barcelona. También conocí la canción de Cash. Una canción magnífica precisamente dedicada a la función narrativa del músico.

Y fue entonces cuando pasó una de esas cosas que deseas que pasen cuando descubres un músico que te gusta: que toque ya y en tu ciudad. A Singer of Songs tocaba esa semana en Barcelona, el 18 de enero. Un concierto de cierre de la gira 2013 en el mismo lugar donde empezó: en la casa de Lieven. Para ir tenías que mandar un mail, y eso hice. Pedí para ir dos personas (sabía que también te iba a gustar). Al rato me llegó la confirmación, así como la hora y la dirección del lugar. Allí estaríamos.

El concierto fue precioso. Una sala de estar amplia, repleta de gente. Una alfombra con luces, Lieven Scheerlink a la guitarra, Laura Räsänen a la segunda voz y al violín, y German Gadea, cual ángel trompetero, apareciendo en determinados momentos para llevar las canciones más lejos. Lieven estaba en su casa, rodeado de amigos y personas interesadas en su música. Bromeaba, charlaba y cantaba, relajado, sin más pretensión que ofrecer buenas canciones. Habló de su pasión por Barcelona (versión de Barcelona de Bonnie Prince Billy incluida), de sus dificultades de adaptación como norteño, de anécdotas de conciertos. También mantenía una relación muy cariñosa y cómplice con sus colaboradores, especialmente con la finlandesa Laura Räsänen, pieza clave en el sonido de A Singer of Songs. La audiencia, simplemente disfrutaba de estar ahí. Disfrutábamos de estar ahí.

Este lunes por la mañana, mientras me encontraba de nuevo trabajando en casa, escuchando folk tranquilo (en este caso me acuerdo bien, era James Yorkston), me llegó un mail de Son Canciones, el nuevo sello creado por Lieven Scheerlink y Mabel Alonso, su manager. “El viaje de A Singer of Songs”, aparecía en el asunto, y el mail informaba de que justo ese día se publicaba From Hello to Goodbye, su nuevo disco. Para celebrarlo, Schreelink y Räsanen ofrecerían un acústico en Ultra-Local Records. La noticia nos alegró el día, la semana. Allí estaríamos.

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De nuevo, el concierto fue una grata experiencia, un momento especial. Un momento en el que una simple noche de lunes pasó a ser una espléndida noche de lunes. Schreelink y Räsanen estaban medio enfermos. Tosían y bebían agua. Se preocupaban por si alguien del público también tosía. Tal y como habían anunciado, tocaron el disco entero, de principio a fin (saltándose The question is the answer por una cuestión de tonos imposibles para griposos). Canciones densas como Another Way of Saying Hello (cantada con un megáfono, algo habitual en alguno de sus temas), delicadas como Autumn Rain, perfectas como Come back to me (de nuevo Mojave 3) o sencillas y directas como Another Day. Precisamente, me hizo gracia lo que Lieven comentó sobre la espera. Como persona del norte, no podía entender porque aquí la gente dice de quedar a una hora y, tranquilamente, llegan media o una hora más tarde. Tengo un amigo francés que lleva años quejándose de lo mismo. Pero también tengo otro amigo de aquí (que además estaba en el concierto) que también lleva años quejándose de la misma mala costumbre. Y otro que siempre llega a la hora que le da la gana; sin problemas, aunque hayamos quedado en el bar de siempre, al lado de su casa. Ahí reside parte del potencial emocional de las canciones de A Singer of Songs. Escuchas la proximidad de sus historias, simplemente te sientes cómplice y las haces propias. Ayer, volviendo de Ultra-Local con el vinilo de From Hello to Goodbye, en el metro, pensé que escribiría este texto y que se llamaría La impuntualidad.

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