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Escuché por primera vez en directo a Neleonard en el Maldaltura 2014, el festival de música independiente de Llessui que organizan mis amigos de L’Eix del Mal. Y desde entonces los sigo con pasión. Una pasión por el pop – pop de manual, del “fresquito y melódico”, del luminoso, del de Elefant Records, claro – que supuso una reconciliación directa con un tipo de sonido que progresivamente había ido abandonando. En los noventa seguía todo lo que editaba Elefant, y tenía una camiseta amarilla que me encantaba. Por delante estaba el elefante, y por detrás una larga lista con sus grupos de entonces. Le Mans, Family, Los Flechazos, Beef, Los Planetas (el medusa e.p. lo sacaron con ellos), Nothing, Heavenly, Bmx Bandits, Trembling Blue Stars… Pero años después, ya en la década de los dos mil la usé para pintar un piso. Una vez instalado, me deshice de ella, sin piedad, como si nunca hubiera sido una de mis camisetas favoritas. Obviamente fue un error. Realmente me había alejado mucho del pop. El folk, el post-rock y la desidia ambiental – pienso en Balago, Ursula, Stars of the Lid, Pan-American… – pasaron a dominar mis escuchas y mis estanterías de discos. Digo discos como genérico, pero eran cd’s.

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Hace relativamente poco, cuando ya nunca se me pasaba por la cabeza escuchar a Belle and Sebastian, The Divine Comedy, The Ladybug Transistor, Mercromina o Tachenko, fue cuando, por recomendación de Ruben de l’Eix del Mal, oí Agosto de Neleonard. No recuerdo cómo la escuché, así que imagino que sería desde el bandcamp de Hi Jau Usb?, la asociación cultural que coordinan varios de los miembros de la banda con otros músicos de Gúdar, Gabriel y Vencerás y otros grupos del underground barcelonés (bueno, más o menos los mismos pero que tocan en tres o cuatro grupos a la vez). Y como si de un viaje en el tiempo se tratara – el regreso a una época de patillas, no de barba – Agosto me trasladó de golpe al pop, a la excitante emoción del pop. No es que no haya emoción en lo que suelo escuchar habitualmente (el post-rock es emoción abstracta, el folk cuenta historias emocionantes, el ambient te envuelve…) pero hay algo más excitante en el pop. Una excitación pura, directa, instantánea. Alegría, entusiasmo, euforia inmediata. Un estímulo que, tanto en lo físico como en lo psíquico, tiene mucho que ver con el amor, y también – como sostiene Neleonard – directamente con el sexo. El amor, energía sin límite. De la épica de José Luis Perales al “POF” de Neleonard.

Hay algo perfecto en las canciones de Neleonard. No perfecto desde un punto de vista eterno o universal, pero sí para ese justo momento, para ti en ese justo momento. Algo perfecto en las letras y composiciones de Manuel Navío (Nele, el núcleo), en el cantar a dos voces – la suya (Simon) y la de Laura Alonso (Garfunkel), en los teclados de Eloy Bernal (a mi me recuerdan – un poco – a los de Las canciones de andar por casa (1999) de Mercromina, y me fascinan), en la solvencia y elegancia del bajo de Elena Comas, en el entusiasmo crónico a la batería de Pedro Señalada, en las guitarras brillantes de Guillermo Rodríguez (los temas en los que hace algún solo son magníficos). Hay algo perfecto también en Agosto, el E.P que Neleonard ha editado con Elefant Records. Perfecto en continente (vinilo azul y portada marina) y en contenido: seis canciones de pop, a cual mejor en el presente inmediato en que las escuchas. Podemos es un hit, una especie de himno generacional (no para la mía, que yo ya soy un señor mayor), Por pequeño que seas es un subidón (no se puede escuchar sentado), Agosto es una joya, la primera joya, Capital es otro hit – fantástica la repetición “…momentos capitales. Capital, es capital, que yo…”, Solo por un momento es la balada del desamor (fantásticas también las palmas de Laura Alonso), y finalmente, Cómo es; una canción de herencia planetaria – entre J y La Bien Querida – que cierra el disco cuando lo único que querías era seguir escuchando más canciones de pop. No para siempre, pero sí un poco más.

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El sábado pasado – 29 de noviembre de 2014 – Neleonard dieron un concierto también perfecto en La 2 de Apolo. Buen sonido, buena química con el público (aunque eso lo han tenido siempre que los he visto, lo del buen sonido no), sus canciones habituales (las que conocemos por el disco), más canciones nuevas (no sé los títulos) que sonaron de maravilla. Además, ese sábado 29 de noviembre de 2014 fue mi cumpleaños. Y no uno cualquiera, sino el de los 40 (ya lo decía, un señor mayor). Así que ahí estaba yo, emocionado y feliz entre personas que quiero, escuchando las canciones pop de Neleonard. Pese a las ganas de tener Agosto (el vinilo) en casa, no lo habíamos comprado todavía, puesto que esperábamos al 29. Por ser mi cumpleaños, yo quería regalárselo a ella. Por ser mi cumpleaños, ella quería regalármelo a mi. No, yo te lo compro a ti. No, yo a ti. Cosas del pop. Cosas bonitas del pop. Y ahí, como siempre, estaba Ultra-local. Tenemos la copia número 43. Mientras acabo de escribir, suena En el mar, un precioso tema instrumental de Mercromina. Pienso en Neleonard, en la portada de Agosto, en los teclados, en la excitante emoción del pop.

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