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David Wingo es un músico de Austin (Texas) que compone bandas sonoras para el cine y saca discos como Ola podrida. Ha compuesto música para películas fantásticas – como Prince Avalanche (2013) de David Gordon Green (en este caso junto a Explosions in the Sky, la historia de dos tipos que pintan líneas de carretera en una zona forestal devastada por un gran incendio en Bastrop, Texas) o Take Shelter (2011) de Jeff Nichols – sobre los sueños apocalípticos de un hombre que se siente amenazado por una tormenta terrible – y también ha editado tres grandes discos: Ola podrida (2007), Belly of the Lyon (2009) y Ghost Go Blind (2013).

ola podrida 1

Hace mucho tiempo, seguramente a raíz de la publicación de su primer álbum, un buen amigo me explicó que debían su nombre a un error fonético – o quizás simplemente de memoria – relacionado con un viaje a España. Ni lo recuerdo con seguridad ni he encontrado información fiable para corroborar la tesis de mi amigo, pero parece ser que David Wingo y Matthew Frank (batería) degustaron por tierras extremeñas o castellano-leonesas un buen plato de “olla podrida”, versión extrema del cocido. Y los texanos quedaron tan extasiados con aquel manjar del medievo íbero que decidieron utilizar el nombre para el proyecto musical que, por aquel entonces, 2007, tenían en mente. No tengo ni idea de qué hacían por tierras extremeñas o castellano-leonesas, tan siquiera si realmente estuvieron allí, pero los imagino en pleno mes de marzo, por la noche, saliendo de la Posada El Campeador o del restaurante típico Torre de Sande y deambulando por las calles, ebrios y charlando atropelladamente sobre la grandeza de su nombre. Eufóricos además por la potencia calórica del cocido y la intensidad etílica del vino, imagino que van en manga corta por la gélidas callejas de Cáceres o Burgos. Wingo en camiseta amarilla, de Yellowstone; Mark, de negro. Así nació Ola Podrida.

ola podrida 2

Conducimos por la C-16, dirección Terrassa. Hace sol y las ventanillas están a media altura. A volumen alto, en cd, suena el primer álbum de Ola podrida. Es de 2007, y no tiene título. La carátula, de plástico y algo rayada, se encuentra encima del salpicadero, y hace un reflejo incómodo sobre el cristal. Un reflejo de gacelas disecadas. Suena en repeat Cindy, quizás la mejor canción – y una de las más pop – de Ola podrida. De hecho, el sonido de Ola Podrida es pop por definición. Guitarras cristalinas, estribillos a varias voces, melodías, voz un poco nasal, baterías constantes… pero hay algo más intimista y ralentizado en la música de Wingo; algo más paisajista, más cinematográfico (sí, algo más de paisaje sonoro, no te rías). Me recuerda a la música de The New Year, que también es pop sin realmente llegar a ser pop. También de Texas. Quizás es porque las voces de David Wingo y de Matt Kadane (en Bedhead en los noventa, pioneros del slowcore) se parecen un poco. Quizás porque Cindy y Folios  son dos temas parecidos, que arrancan de lo mínimo y crecen en progresión perfecta haciendo que una sola escucha se quede corta. Así que vuelve a sonar en repeat Cindy. Yo sería partidario de que el disco sonara entero, pero el copiloto prefiere Cindy en repeat.

Y mientras vuelvo  a escuchar la canción, pienso en por qué Matthew Frank, el batería oficial de Ola podrida en sus dos primeros discos (ahora, en el último – Ghosts Go Blind (2013) – ya no está), el que presuntamente paseaba haciendo eses con Wingo por Burgos o Cáceres, no grabó esa magnífica batería en el primer disco de Ola podrida. Mathew Frank – drums on 1,3, 5, 8, 11. Michael Linnen – drums on 4. Nunca he visto en directo a Ola podrida, pero me encantaría. Fantaseo con el éxtasis del copiloto al escuchar Cindy en directo. Imagino el índice y el meñique muy apretados. Imagino que, en cada concierto, al llegar a Cindy, Wingo se gira desde delante del escenario  y mira a Frank. Sólo le mira un par de segundos, pero en esa mirada se encuentra la respuesta de por qué Frank no grabó la batería en la mejor canción de Ola podrida. Frank le sonríe, afectuoso y gira la baqueta entre sus dedos esperando a que entre la percusión. Llegamos a nuestro destino, pero Cindy no ha acabado, así que paramos el motor del coche y la escuchamos hasta el final. A flor de agua en el hermoso sonido.

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