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Es difícil escribir sobre Los Planetas sin nostalgia. Es tentador y agradable repasar biografía personal y constatar la relevancia emocional de sus primeros discos, y de todos en general, aunque gran parte de los cuarentones que nos enganchamos a ellos a inicios de los noventa ya no los escuchemos tanto. No obstante, es posible resistirse a esa añoranza indie y disfrutar de Zona temporalmente autónoma en presente inmediato, sin necesidad de glorias pasadas o purismos generacionales.

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Realmente es un disco increíble; un disco que exhibe sin miramientos lo que son Los Planetas ahora: un grupo que hace lo que quiere sin rendir cuentas con nadie. De hecho, desde el primer tema – Islamabad, colaboración con el también granadino Yung Beef, que yo no conocía – no puedo dejar de pensar en Franco Battiato. Para mi, Los Planetas llegan aquí, tanto a nivel vocal como instrumental, al estadio místico del maestro siciliano. Y esto tiene que ver con la libertad, la flexibilidad y el dominio. Como diría un amigo pintor – sí, tú, Pere – superan las 10.000 horas de vuelo, y eso les lleva a otra categoría. Los Planetas llegan aquí a esa perfección desinteresada donde todo fluye sin pretensión, casi sin esfuerzo. Aún a riesgo de exagerar, y sin que tengan nada que ver, Zona temporalmente autónoma me hace pensar en un disco tan redondo como el Yankee Hotel Foxtrot (2001) de Wilco. Los Planetas están de vueltas.

Sabía de la inminente publicación de su nuevo álbum, pero no fue hasta ayer – que mi madre me lo regaló – que le presté la debida atención. Y quedé atrapado inmediatamente. Más allá de lo musical, tengo atracción por la pertenencia telúrica; es decir, por como influye ser de un lugar en aquello que haces, y por eso siempre me fascinaron las incursiones de Los Planetas y del Grupo de Expertos al cancionero popular sureño. En definitiva, un sonido que solo puede salir de un lugar concreto, en este caso Granada; un sonido que, mientras los escuchas, te dan ganas de ser granadino. Luego tienes que escuchar un poco a Refree para volver a recuperar tu telurismo…

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Ayer por la noche lo escuchamos varias veces seguidas. Olivia no le hizo mucho caso (ella es más de Advance Base) pero a ti – nacida en los ochenta, uruguaya telúrica – también te cautivó el disco. Olivia se durmió pronto. Pusimos la camarita en el comedor y nos sentamos en el sofá a escuchar Zona temporalmente autónoma. Escuchábamos las canciones y leíamos las letras hasta que te fuiste quedando dormida. Los versos cortos y directos del folclore se adaptan muy bien al modo de cantar de J. Activismo político, desamores, obsesiones, imaginario religioso, culpas, desengaños, condenas, soledad, anticapitalismo y anarquismo libertario. Esa es la cosmogonía planetaria. Y el éxtasis llegó en la 6: Porque me lo digas tú. Una maravilla de canción simple – quizás la más Battiato de todas – que casi parece una broma conceptual. Puedes irte con Fernando / te puedes ir con José Luis / te puedes ir con Mario / que tú a quien quieres es a mi. Y maravillosa también Hay una estrella, la canción más lenta y acurrucada del disco; y el cierre con la adaptación de Guitarra roja del poeta y anarquista argentino Martín Castro.

En 1999, Los Planetas publicaron el ep El rollo mesiánico de los Planetas. 18 años después, realmente sí hay algo mesiánico en su sonido. Una concepción mesiánica a medio camino entre San Juan de la Cruz y Franco Battiato.

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