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Ullapool es un disco precioso, y el concierto que Combray ofreció el pasado viernes en Artte también lo fue. El sonido fue excelente, los visuales también. Eso sí, el lugar es peculiar. Por aquí, le acompañamos a su mesa. ¿Los señores se quedarán a cenar? No, no, sólo venimos al concierto. Disculpa ¿no hay otra mesa más cerca? Por supuesto, para ver bien el concierto se pueden sentar aquí. ¿Quieren ver nuestra carta de tés? La verdad es que queríamos dos cervezas y una clara. Muchas gracias. No os perdáis el lavabo, nos recomienda una amiga. Ah, pues voy antes de que empiecen. La puerta de acceso al baño comunica con un inquietante vestíbulo repleto de puertas de espejo. Coincido con el enano de Twin Peaks y con la mujer del tronco. Puedes secarte las manos con toallitas de papel o de tela, me informa la mujer. Escojo de tela. Todo muy bien iluminado, pienso.

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Pese a tratarse de contextos muy diferentes, el concierto de Combray en Artte me hace pensar en el primer concierto de Balago que vi en el Depo de L’Hospitalet. Siempre que uso “muy diferente” pienso automáticamente en Arde (2000) de Migala: sí, es muy joven, usted solo conoce la ciudad desde que la cruzó el tren, era muy diferente entonces, muy diferente Sr. Scot, muy diferente… No recuerdo bien la fecha, pero sería a principios de los 2000, cuando los de la Garriga (tierra de músicos) presentaban Erm, su primer álbum. Por un lado, siempre me he sentido próximo a los grupos de Foehn records; por el otro, siempre me ha gustado esa electrónica lenta, paisajista, heredera del slowcore o del postrock. Recuerdo que Balago sonó muy bien, con los tres miembros de entonces (David Crespo, Jordi Soldevila y Guim Serradesanferm) apretadetes entre sus instrumentos y máquinas, tocando concentrados delante de proyecciones ralentizadas de trenes en blanco y negro. Quizás era un film soviético, o incluso El Maquinista de la General, pero sólo recuerdo los trenes y las envolventes e hipnóticas capas de sonido de Balago.

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Unos quince años después, ante el espacioso escenario del Artte, piano de cola incluido, Raúl Burrueco, guitarrista de Tanhäuser (grupo que también he seguido desde Para entonces estarás muerto (2009), lo compré en cddrome) y Paqui Timoneda nos envolvieron e hipnotizaron con sus atmósferas sonoras y sus transiciones visuales, tan bonitas como los collages cósmicos que hace Paqui (el de la portada del disco lo tenemos en casa, enmarcado). No había trenes, pero sí nebulosas, galaxias, planetas, montañas, olas, pájaros y niñas melladas sonriendo en la piscina. Concentrados, sin mirarse, Combray fue repasando el repertorio de Ullapool – ahora teclados, ahora unas capas melódicas con la guitarra, ahora un bajo constante, ahora un poco de pandereta – para ofrecer un concierto magnífico, mágico. Un momento de atención y silencio  (incluso se callaron las señoras que tomaban el te y comían su sandwich con cuchillo y tenedor) donde los allí asistentes fuimos invitados, sin prisas, sin forzar nada, a entrar en su particular universo sonoro. Un universo delicado e íntimo, donde todo cuadra desde lo simple y lo sensible, donde el sonido te rodea y te lleva casi como si no hubiera gravedad. Glacera, Boira, Ullapool… Quieres aplaudir pero no puedes, un tema enlaza con otro… De repente eres blando, como de gelatina, y levitas sin esfuerzo entre las mesas del Artte. Las señoras del te también se elevan. Los Ultra-local también se elevan. Se oyen unos pájaros tranquilos, empieza Eunice. Los sonidos ya no salen del escenario, sino de tu cuerpo. Tú eres el regalado, a ti te regalan para el cumpleaños del reloj. Índice y meñique mientras Burrueco se sienta al piano de cola. Tema nuevo. Timoneda, a las máquinas, mira las imágenes y baila, mueve su cuerpo levemente hacia delante y hacia atrás, pero realmente baila, baila por dentro. Tú también lo haces, y Chamorro, y Baqués. Delante nuestro, Strogoff y autodidacta lo dan todo de manera poco visible. Lena y Eric les acompañan desde dentro. Querríamos que ese tema nuevo no acabara nunca. Euforia ralentizada por un ritmo cósmico. Bailar por dentro sí es bailar.

 

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